🛼 Rodando a través del miedo 🛼
Octubre 2024. Ciudad de México. Parque Alameda Central. La primera vez que me puse patines en línea, casi inmediatamente parti madre. Pararme sobre ocho ruedas se sintió como tratar de caminar en hielo. "Intimidante" ni siquiera le hace justicia a lo que sentí. Pero algo me hacía regresar a esas primeras clases de patinaje, y no era mi gracia natural (porque no la tenía 😆). Era la increíble comunidad que descubrí en Unicorniex (@unicornixs.rollers en Instagram), un grupo de almas hermosas y llenas de vida que hacían que caerse se sintiera menos como un fracaso y más como una iniciación.
Poco sabía yo que esas ruedas se convertirían en mi mejor maestro sobre el miedo, el impulso, y esa emoción intoxicante que vive del otro lado del terror.
La bajada que lo cambió todo
Febrero 2025. Ciudad de México. Chapultepec. Unos meses después de empezar mi aventura patinando, Moisés del staff de nuestro grupo me convenció de hacer algo que debería haberme aterrorizado hasta retirarme: la legendaria bajada del Parque de Chapultepec (Sección II). Esto no era cualquier bajadita. Es una de las bajadas más largas y serpenteantes de la Ciudad de México, llena de obstáculos que saltar, topes que esquivar, y bloques sueltos que parecen diseñados para arruinar hasta la diversión de los patinadores más experimentados.
"Hagas lo que hagas, no trates de frenar", me dijo Moisés mientras estábamos parados arriba, tarde en la noche cuando el parque estaba perfectamente vacío. "Si tratas de ir más despacio, te vas a caer y te vas a partir madre", siguió. "Nomás ponte en posición defensiva y déjate ir. No trates de parar."
De todas maneras no sabía frenar bien. Pero cuando miré hacia abajo por esa pendiente que parecía infinita, mi cuerpo empezó a hacer esa cosa que hace el miedo contigo. El cosquilleo comenzó, extendiéndose por mis extremidades como electricidad. Se me pusieron los ojos bien abiertos, viendo cada posible escenario de desastre. Empecé a sudar, y podía sentir mi circulación haciendo cosas raras, mis manos se estaban olvidando lentamente de que se suponía que tenían sangre.
Pero aquí está la cosa con el miedo: no solo te paraliza. Si te lanzas hacia él, también te hace increíblemente y adictivamente VIVO. Parado en la cima de esa bajada, temblando de terror, al mismo tiempo me sentía más vivo de lo que me había sentido en años.
"Quédate en posición defensiva", me gritó Moisés mientras patinaba detrás de mí. "No frenes. Y sigue respirando". No sabía si apreciar su guía u odiarlo por haberme convencido de hacer esto.
Así que respiré. Doblé las rodillas. Y dejé que la gravedad me llevara por los minutos más largos, más aterradores, y más emocionantes de mi vida patinando.
Cuando el miedo vive en tu cuerpo
Las investigaciones muestran que la respuesta fisiológica al miedo y la emoción son muy similares, con el corazón acelerado, conciencia elevada, y esa sensación eléctrica corriendo por tus venas. La única diferencia está en cómo interpretamos estas sensaciones. ¿Estamos a punto de morir, o estamos a punto de vivir de verdad?
Esa noche en Chapultepec, volando por la bajada a velocidades que deberían haberme aterrorizado hasta dejar de patinar para siempre, algo hizo clic. El miedo no era mi enemigo. Era mi brújula, apuntándome hacia exactamente las experiencias que más necesitaba.
Más allá del pavimento
Esta lección no se quedó limitada a ocho ruedas y asfalto. Hace poco me encontré enfrentando un tipo diferente de bajada: la boda de mi hermano menor. Como persona queer en una familia que creció muy religiosa, las reuniones familiares pueden sentirse como navegar obstáculos más traicioneros que cualquier bache. Las conversaciones recientes habían sido difíciles, llenas de malentendidos y dolor que se expresaba a través de chats grupales explosivos y comentarios hirientes.
Parado afuera del lugar de la boda, sentí esa sensación familiar de cosquilleo. El nerviosismo de ojos bien abiertos. El temblor que viene cuando estás a punto de hacer algo que te asusta pero que importa profundamente. Esta vez, el miedo no era sobre lesión física. Era sobre invalidación, sobre que mi existencia fuera vista como algo inapropiado.
Pero pensé en el consejo de Moisés: no frenes. A veces en la vida, tratar de ir más despacio o pararnos solo hace que nos caigamos más duro. A veces tenemos que abrazar la emoción y abrirnos paso a pura fuerza. Y cuando lo hacemos, no solo estamos conquistando nuestros propios miedos. Estamos abriendo camino para nosotros y para todos los que nos están viendo, mostrándoles que esa cosa que les da miedo en realidad no es imposible. Cada vez que rodamos a través de nuestro terror, le estamos dando permiso a alguien más para intentar su propia bajada aterradora.
Así que entré como yo mismo y por mi hermano. Y igual que ese descenso aterrador en Chapultepec, salió súper bien. Sin accidentes, sin desastres. Solo el alivio profundo y la alegría de sobrevivir lo que más me asustaba, y la realización más profunda de que puedo existir en cualquier espacio. Puedo simplemente aparecer como soy y dejar que mi presencia hable por sí sola. A veces la cosa que pensamos que nos va a destruir en realidad solo les recuerda a todos que pertenecemos.
Curiosamente, justo después de la boda, perdí completamente la voz. La forma de mi cuerpo de procesar el estrés de estar entre personas que luchan por ver al humano a través de sus creencias sobre la condenación eterna. Mi voz siempre ha sido la cosa que ha luchado por mí, que ha insistido en mi valor aun cuando otros lo cuestionaban. Esa noche, se colapsó totalmente después de estar en alerta máxima.
El regalo de no frenar
Esto es lo que patinar me enseñó sobre el miedo: casi siempre es lo único que está entre nosotros y algo que desesperadamente necesitamos experimentar. Los estudios sobre construcción de resistencia a través de desafíos físicos confirman que confrontar nuestros miedos en una área fortalece nuestra habilidad de enfrentarlos en todas partes.
Ya sea una bajada aterradora o una conversación difícil, ya sea intentar algo nuevo o mostrarse auténticamente en espacios que no se sienten seguros, el principio sigue siendo el mismo. No frenes. Mantente en posición defensiva. Sigue respirando. Confía en que el impulso te va a llevar a través de lo que se siente imposible cuando estás parado quieto.
Esa sensación de cosquilleo, el terror de ojos abiertos, la forma en que tu circulación hace cosas raras? Eso no es tu cuerpo advirtiéndote que pares. Eso es tu cuerpo preparándose para rodar.
Tu bajada te espera
¿Qué bajadas estás evitando en tu vida? ¿Qué miedos te están manteniendo en la cima de la pendiente, perdiéndote la emoción intoxicante que espera del otro lado? Tal vez no sea patinar. Tal vez sea un proyecto creativo, una conversación difícil, un cambio de carrera, o simplemente mostrarte como tu yo auténtico.
Estoy aquí para decirte lo que Moisés me dijo: no frenes. La posición defensiva existe no para evitar el viaje, sino para ayudarte a navegarlo de forma segura. Construir una comunidad que te apoye hace toda la diferencia. Encuentra tu Unicorniex, las personas que reconocen tu valor y crean espacio seguro donde puedes caerte, que te van a levantar, te van a sacudir el polvo, y con amor te van a desafiar a enfrentar la siguiente bajada grande y aterradora.
Porque esta es la verdad que he aprendido sobre ocho ruedas y más allá: en la mayoría de los casos, cuando te abres paso a través del miedo a pura fuerza y abrazas la emoción de la bajada, cobras vida de maneras que nunca imaginaste. Tus miedos no son tan válidos como parecen. La cosa que más miedo te da hacer podría ser justo la cosa que te lleve al siguiente nivel.
Así que respira profundo, prepárate para las imperfecciones en el camino, y deja que la gravedad haga su trabajo. La experiencia de llegar al fondo de la bajada vale la pena el viaje aterrador hacia abajo.
¿Cuál es tu bajada más aterradora? Me encantaría escuchar sobre los miedos que estás rodando y las victorias que te esperan del otro lado. Comparte tu historia en los comentarios abajo.
Referencias:
- Conversation, A. J. a. L. S. (2023, August 30). What happens in the brain when we feel fear. Smithsonian Magazine. https://www.smithsonianmag.com/science-nature/what-happens-brain-feel-fear-180966992/
- Qiu, W., Huang, C., Xiao, H., Nie, Y., Ma, W., Zhou, F., & Liu, C. (2025). The Correlation between Physical activity and Psychological resilience in young Students: a systematic review and meta-analysis. Frontiers in Psychology, 16. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2025.1557347
- Schäfer, S. K., Supke, M., Kausmann, C., Schaubruch, L. M., Lieb, K., & Cohrdes, C. (2024). A systematic review of individual, social, and societal resilience factors in response to societal challenges and crises. Communications Psychology, 2(1). https://doi.org/10.1038/s44271-024-00138-w
Comments
Post a Comment